Durante muchos años, gran parte de la rehabilitación en daño cerebral adquirido (DCA) estuvo centrada principalmente en la recuperación de funciones motoras visibles: mover nuevamente un brazo, recuperar fuerza, mejorar la marcha o aumentar la independencia en actividades básicas.
Y aunque estos aspectos siguen siendo fundamentales, la evidencia más reciente y la propia experiencia clínica nos muestran que muchas de las dificultades que más limitan la participación de las personas aparecen después, cuando intentan volver a su vida cotidiana.
Porque el verdadero desafío no siempre empieza en el hospital, empieza cuando la persona intenta volver a trabajar, cuando necesita organizar su mañana. O cuando debe cocinar mientras sostiene una conversación y gestionar la fatiga cognitiva. Tolerar estímulos del entorno o recuperar la confianza para participar nuevamente en su vida social y familiar.
En este contexto, la Terapia Ocupacional tiene un papel especialmente relevante. No solo acompañando la recuperación de funciones aisladas, sino ayudando a reconstruir participación, autonomía e identidad ocupacional tras el daño cerebral.

La investigación reciente parece apuntar precisamente hacia esta dirección: una neurorrehabilitación más integral, centrada en la ocupación, en la participación real y en la interacción entre los aspectos motores, cognitivos, emocionales y sensoriales del desempeño humano.
Según la Organización Mundial de la Salud, las condiciones neurológicas son actualmente una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial, lo que hace imprescindible desarrollar abordajes de rehabilitación más complejos y centrados en la participación real de las personas.
Desde Terapia Ocupacional, este cambio de mirada implica dejar de preguntarnos únicamente qué función se ha perdido para empezar a analizar cómo esos desafíos afectan al desempeño ocupacional, a la participación y a la calidad de vida.
El retorno al trabajo: mucho más que recuperar capacidades físicas.
Uno de los aspectos que mejor refleja esta evolución es el creciente interés por el retorno al trabajo tras un DCA.
Una revisión sistemática publicada en la revista Work analizó las intervenciones de Terapia Ocupacional más eficaces para favorecer la reincorporación laboral tras un traumatismo craneoencefálico (Mullins et al., 2025). Los resultados mostraron que las intervenciones más efectivas no eran únicamente físicas o centradas en capacidades aisladas, sino abordajes amplios, multidisciplinares y centrados en la ocupación.
Entre las intervenciones con mejores resultados se encontraron:
- Programas de rehabilitación vocacional y work hardening.
- Abordajes multidisciplinares.
- Intervenciones dirigidas a salud mental y cognición.
- Modelos centrados en la autoeficacia ocupacional.
Este hallazgo resulta especialmente relevante porque volver al trabajo implica mucho más que “estar recuperado”. Supone poder sostener atención durante horas, gestionar demandas cognitivas complejas, adaptarse a cambios, organizar tareas, regular el estrés, tolerar la fatiga mental y recuperar seguridad en uno mismo.
Además, el trabajo no es únicamente productividad. Desde Terapia Ocupacional entendemos el trabajo como una ocupación con un enorme impacto sobre la identidad, la participación social, el sentido de pertenencia y la construcción de rutinas cotidianas.

La propia American Occupational Therapy Association (AOTA) sitúa el trabajo y la participación ocupacional como áreas centrales dentro de la práctica de Terapia Ocupacional, entendiendo que la salud no puede separarse de la posibilidad de participar activamente en la vida cotidiana.
Por ello, acompañar el retorno laboral implica intervenir tanto sobre las capacidades de la persona como sobre las demandas del entorno, las barreras contextuales y los apoyos necesarios para una reincorporación sostenible y significativa.
La función ejecutiva: uno de los desafíos más invisibles tras un DCA
Precisamente muchas de las dificultades que interfieren en el retorno al trabajo están relacionadas con la función ejecutiva.
Problemas para iniciar tareas, organizar actividades, secuenciar acciones, gestionar el tiempo, adaptarse a imprevistos o sostener varias demandas simultáneas pueden tener un enorme impacto en la autonomía cotidiana, incluso en personas con buena recuperación motora.
Sin embargo, un estudio publicado en el British Journal of Occupational Therapy muestra que muchas Terapeutas Ocupacionales refieren falta de confianza y necesidad de mayor formación específica para intervenir en esta área (de Charentenay et al., 2024).

La encuesta, realizada a profesionales del Reino Unido que trabajan con personas adultas con DCA, evidenció una gran heterogeneidad en la práctica clínica y una importante brecha entre la evidencia disponible y la intervención cotidiana.
Esto probablemente refleja la enorme complejidad de las funciones ejecutivas. A diferencia de otras dificultades más visibles, sus manifestaciones suelen aparecer en situaciones dinámicas y contextos reales:
- Preparar una comida mientras se gestionan varios estímulos.
- Organizar una salida.
- Responder ante cambios inesperados.
- Mantener una conversación compleja.
- Gestionar responsabilidades laborales.
- Sostener rutinas familiares.
Por ello, la intervención en función ejecutiva no puede reducirse únicamente a ejercicios descontextualizados sobre papel o pantalla. Requiere trabajar sobre ocupaciones significativas, entornos reales y estrategias funcionales que permitan a la persona recuperar participación y autonomía en su vida diaria.
La evidencia actual sobre neurorrehabilitación cognitiva apunta precisamente hacia intervenciones cada vez más ecológicas y funcionales, alejadas de modelos exclusivamente restaurativos y más conectadas con el desempeño cotidiano.
La mano no empieza en la mano: imaginería motora graduada y recuperación funcional
La evidencia reciente también está ampliando nuestra comprensión sobre cómo abordar la recuperación del miembro superior tras un DCA.
Un estudio publicado en Journal of Clinical Medicine analizó los efectos de combinar Terapia Ocupacional con Imaginería Motora Graduada (GMI) en personas con ictus y traumatismo craneoencefálico (Panuccio et al., 2025).

Tras seis semanas de intervención, las personas participantes mostraron mejoras significativas en:
- Función del miembro superior.
- Desempeño y satisfacción ocupacional.
- Tareas funcionales tan relevantes como escribir o alimentarse.
La Imaginería Motora Graduada parte de una idea fundamental: el movimiento no comienza únicamente cuando el cuerpo se mueve, sino mucho antes, en la representación cerebral de la acción.
Intervenciones como:
- Reconocimiento de lateralidad.
- Observación motora.
- Imaginería del movimiento.
- Activación progresiva de redes motoras.
Permiten trabajar la reorganización cortical y la neuroplasticidad incluso antes de que aparezca un movimiento funcional completo.
Esto resulta especialmente interesante porque desplaza el foco desde una visión puramente biomecánica hacia una comprensión más compleja del aprendizaje motor y la recuperación ocupacional.
Desde Terapia Ocupacional, esto implica comprender que no entrenamos músculos aislados. Entrenamos acciones significativas orientadas a recuperar participación en la vida cotidiana.
Las investigaciones actuales sobre neuroplasticidad muestran precisamente cómo la repetición significativa, el aprendizaje motor y la experiencia ocupacional pueden favorecer procesos de reorganización cerebral tras una lesión neurológica. Además, organismos internacionales de referencia como el National Institute of Neurological Disorders and Stroke destacan el papel de la neuroplasticidad y del aprendizaje motor en los procesos de recuperación tras una lesión neurológica, reforzando el interés creciente por intervenciones más activas, funcionales y centradas en la participación cotidiana de la persona.
La propiocepción: la gran olvidada en neurorrehabilitación
Dentro de esta mirada más amplia sobre recuperación motora, la propiocepción está comenzando a recibir una atención mucho mayor en la evidencia científica.
Durante años, gran parte de la rehabilitación post-ictus se centró principalmente en la fuerza y el movimiento visible, mientras que las alteraciones sensoriales quedaban frecuentemente en un segundo plano.
Sin embargo, una revisión sistemática publicada en Annals of Neurosciences concluyó que las terapias sensoriales activas, incluyendo el entrenamiento propioceptivo, muestran efectos beneficiosos sobre la recuperación del miembro superior tras un ictus (Arya et al., 2022).

Este hallazgo es especialmente importante porque el movimiento funcional depende profundamente de la información sensorial que recibe el cerebro.
La propiocepción permite:
- Ajustar la fuerza.
- Modular el movimiento.
- Anticipar acciones.
- Corregir errores.
- Construir una representación corporal precisa.
Sin información propioceptiva eficiente, el sistema nervioso depende excesivamente de la visión y el movimiento se vuelve menos automático, más lento y menos preciso.
Esta idea aparece también reforzada en un estudio reciente publicado en Journal of Clinical Medicine sobre reaprendizaje propioceptivo mediante terapia robótica tras ictus (Sidarta et al., 2025).
En este estudio, personas con ictus crónico realizaron un entrenamiento específico con el miembro superior oculto de la visión, obligando al sistema nervioso a utilizar principalmente información propioceptiva.
Los resultados mostraron:
- Mejoras en precisión.
- Mayor suavidad del movimiento.
- Reducción del tiempo de ejecución.
- Cambios predominantemente sensoriales mantenidos al mes de seguimiento.
Quizá uno de los aspectos más interesantes de este estudio es que refuerza una idea fundamental: la propiocepción puede entrenarse y reaprenderse mediante experiencias específicas, repetitivas y dirigidas.
Y esto tiene implicaciones enormes para la práctica clínica. Porque la propiocepción no es un “extra” dentro del movimiento. Es una de las bases sobre las que el cerebro organiza la acción.
En esta misma línea, recursos divulgativos y clínicos como los de la Stroke Association UK ayudan a contextualizar por qué las alteraciones sensoriales tras un ictus no son un aspecto secundario: pueden afectar directamente a la precisión del movimiento, la seguridad, el uso funcional del miembro superior y la participación en actividades cotidianas.
Hacia una Terapia Ocupacional más integral en daño cerebral adquirido
En conjunto, toda esta evidencia parece señalar una dirección clara. La neurorrehabilitación está evolucionando desde modelos centrados exclusivamente en déficits aislados hacia abordajes más complejos, ecológicos y centrados en la participación real de las personas.
Hablar hoy de daño cerebral adquirido implica hablar de:
- Función ejecutiva.
- Identidad ocupacional.
- Participación laboral.
- Aprendizaje motor.
- Procesamiento sensorial.
- Salud mental.
- Adaptación del entorno.
- Fatiga cognitiva.
- Reconstrucción de la vida cotidiana.
Y precisamente ahí la Terapia Ocupacional aporta una mirada diferencial. Porque nuestra intervención no se limita a recuperar funciones. Busca comprender cómo esos desafíos impactan en las ocupaciones significativas de la persona y cómo podemos acompañarla para volver a participar en su vida de la manera más autónoma, segura y significativa posible.
Formarse para intervenir en la complejidad real del daño cerebral adquirido
Toda esta evidencia nos recuerda algo importante: intervenir en daño cerebral adquirido requiere mucho más que conocer técnicas aisladas o aplicar protocolos estandarizados.
Precisamente desde esta mirada integral surge el curso de Evaluación e intervención en pacientes con daño cerebral adquirido de Aytona Formación, una formación dirigida a Terapeutas Ocupacionales que desean profundizar en la evaluación e intervención clínica en DCA desde un enfoque práctico, basado en evidencia y centrado en la ocupación.
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A lo largo de la formación abordamos:
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- Intervención en función ejecutiva.
- Abordaje perceptivo y motor.
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Porque creemos que la mejor formación nace de la práctica clínica real y de la capacidad de conectar evidencia, razonamiento clínico y ocupación significativa.
Si queremos acompañar verdaderamente la reconstrucción de la vida cotidiana tras un daño cerebral adquirido, necesitamos profesionales capaces de mirar más allá del déficit y comprender la complejidad ocupacional de cada persona.
Y ahí la Terapia Ocupacional tiene todavía muchísimo que aportar.
Referencias bibliográficas
Arya, K. N., Pandian, S., Joshi, A. K., Chaudhary, N., & Agarwal, G. G. (2022). Active sensory therapies enhancing upper limb recovery among poststroke subjects: A systematic review. Annals of Neurosciences, 29(2–3), 104–115. https://doi.org/10.1177/09727531221086732
de Charentenay, S., Whitney, J., & Logan, P. A. (2024). Occupational therapy practice to support executive function impairment after acquired brain injury: A UK clinical survey. British Journal of Occupational Therapy, 87(6), 363–372. https://doi.org/10.1177/03080226231206686
Mullins, A., Scalise, O., Carpio-Paez, B., DeShaw, V., Jennings, K., Kitchens, R., Hilton, C., & Mani, K. (2025). Occupational therapy interventions in facilitating return to work in patients with traumatic brain injury: A systematic review. Work, 81(2), 2458–2476. https://doi.org/10.1177/10519815251317411
Panuccio, F., Galeoto, G., Mastropierro, A., Marcellini, G., Marini Padovani, A., & Berardi, A. (2025). Occupational therapy treatment associated with graded motor imagery (GMI) for the recovery of hand function in patients with acquired brain injuries: Outcome research. Journal of Clinical Medicine, 14(19), 7060. https://doi.org/10.3390/jcm14197060
Sidarta, A., Lim, Y. C., Kuah, C. W. K., Chua, K. S. G., & Ang, W. T. (2025). Relearning upper limb proprioception after stroke through robotic therapy: A feasibility analysis. Journal of Clinical Medicine, 14(7), 2189. https://doi.org/10.3390/jcm14072189
