Hace un tiempo hablamos del juego como ocupación central en la infancia recordando que no es un extra ni un premio, sino la principal forma en la que niños y niñas exploran el mundo, se regulan, construyen habilidades y participan en su entorno. Mencionamos de nuevo la importancia de la familia para generar oportunidades de juego y mantener una actitud lúdica…¿pero qué pasa cuando las familias de infancias autistas nos trasladan que no saben cómo jugar con su hija o hijo?
En este nuevo post hablaremos de juego en el autismo, desde una mirada respetuosa, actual y basada en la evidencia. Una mirada que se aleja de la idea de “corregir” el juego para hacerlo neurotípico, y se acerca a comprenderlo, acompañarlo y ampliarlo sin imponer.
Puedes leer más sobre el autismo desde una mirada respetuosa y centrada en la persona en organizaciones como Scottish Autism: https://www.scottishautism.org/

El problema no es el juego, es la mirada
Durante décadas, gran parte de las intervenciones en autismo han partido de una premisa implícita: el juego del niño o niña autista debe transformarse para parecerse al juego neurotípico. Sin embargo, este enfoque no solo resulta limitado, sino que puede ser poco respetuoso con la experiencia interna del niño o niña autista.
No podemos olvidar que el juego ocupa un lugar central en el desarrollo infantil no solo por su valor evolutivo, sino por su reconocimiento como derecho fundamental. La Convención sobre los Derechos del Niño recoge en su artículo 31 el derecho de todos los niños y niñas al juego, al descanso y a las actividades recreativas propias de su edad. De forma complementaria, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establece en su artículo 30 el derecho a la participación en la vida cultural, el ocio y el juego en igualdad de condiciones, subrayando la obligación de los entornos —y de las prácticas profesionales— de garantizar dicha participación.
Este marco normativo no es accesorio ni simbólico. Sitúa el juego como una experiencia con valor intrínseco, no subordinada a objetivos de rendimiento o adquisición conductual. Desde esta perspectiva, el juego es una ocupación esencial y un espacio legítimo de participación, disfrute y autorregulación.
Y el juego autista es juego. Quizás sea más repetitivo, sensorial, centrado en intereses muy concretos o aparentemente solitario, pero cumple funciones fundamentales: regulación, previsibilidad, disfrute, exploración y control del entorno.
Puedes leer más sobre juego y autismo en esta entrevista tan interesante: https://thinkingautismguide.com/2023/12/why-do-people-assume-autistic-play-is-wrong.html

El objetivo no debería ser normalizar la forma de jugar, sino comprender qué le aporta ese juego al niño o niña y desde ahí acompañar su desarrollo.
El juego en el autismo
Si solo reconocemos como juego válido el simbólico, imaginativo o social típico, dejamos fuera gran parte de las experiencias lúdicas de la infancia. En el autismo, el juego puede manifestarse como:
- exploración sensorial repetida,
- alineación u organización de objetos,
- interés intenso por temas específicos,
- juego motor o de causa–efecto,
- juego paralelo o en solitario.
Estas formas de juego no son un “error” ni una “desviación” del desarrollo, sino maneras distintas de interactuar con el entorno, muchas veces profundamente reguladoras. Desde una perspectiva respetuosa, el primer paso no es intervenir, sino observar y comprender:
- ¿Qué busca el niño o niña en ese juego?
- ¿Qué le calma, qué le activa, qué le organiza?
- ¿Qué necesidades está cubriendo?
Puedes leer más sobre el valor de la neurodiversidad también en otros contextos y ocupaciones en: https://neurodiversity.org/

Aprovechar su juego como medio
La evidencia científica de los últimos años muestra que las intervenciones basadas en el juego pueden ampliar oportunidades de comunicación y de interacción social, de regulación emocional y favorecer la participación diaria en niños y niñas autistas. Sin embargo, también señala algo importante: el cómo es tan relevante como el qué.
Los enfoques más sólidos no son aquellos que utilizan el juego como una excusa para entrenar conductas, sino los que:
- parten de los intereses del niño o niña,
- respetan su iniciativa,
- incorporan mediación adulta sensible y ajustada,
- se desarrollan en contextos naturales y significativos.
Por el contrario, es necesario cuestionar prácticas que:
- fuerzan el contacto visual.
- interrumpen y/o eliminan sus intereses profundos.
- usan el juego solo como refuerzo externo.
Si no tenemos en cuenta el enfoque, el juego deja de ser juego y nunca podrá ser ese espacio seguro. Y sin seguridad, no hay exploración ni aprendizaje genuino.
Si quieres leer más sobre la lucha de los derechos autistas puedes consultar en : https://autisticadvocacy.org/

Expandir el juego sin borrarlo
Acompañar el juego en el autismo no implica dejarlo intacto ni dirigirlo de forma rígida. Implica entrar en él. Expandir el juego no es sustituirlo, sino:
- añadir pequeñas variaciones,
- imitar y dar ideas,
- introducir gradualmente a la persona adulta o a otras niñas y niños,
- ampliar funciones sin romper la estructura que da seguridad,
- respetar las señales de regulación y sobrecarga.
Acompañar no es forzar, es ofrecer oportunidades y retirarse cuando es necesario.
El juego como puente hacia lo que aún es difícil
Una de las grandes fortalezas del juego es que permite practicar sin exponerse del todo. En el juego no hay consecuencias reales. Hay margen para repetir, anticipar, retirarse y volver a intentar. Y eso lo convierte en un contexto privilegiado para el aprendizaje y para poder practicar situaciones que fuera del juego aún resultan demasiado complejas: esperar turnos, tolerar cambios, compartir atención, anticipar rutinas o enfrentarse a nuevas experiencias.
Por eso, en Terapia Ocupacional lo utilizamos como medio para acompañar ocupaciones complejas que todavía generan estrés o rechazo. A través del juego podemos:
- preparar visitas médicas, a la peluquería, al dentista…
- anticipar salidas o cambios de rutina,
- observar diversas situaciones sociales y diferentes alternativas,
- acompañar experiencias sensoriales difíciles,
- favorecer la participación en la alimentación o el autocuidado.
El juego ofrece un contexto controlado, predecible y emocionalmente seguro desde el que acercarse poco a poco a la vida diaria real. El juego no sustituye la vida diaria, pero puede convertirse en un puente hacia ella.
El papel de la familia: co-jugadores, no terapeutas
Las revisiones más recientes coinciden en un punto clave: cuando la familia participa activamente en intervenciones basadas en el juego, los efectos se amplían y se sostienen en el tiempo. Esto no significa convertir a madres y padres en terapeutas, sino:
- ayudarles a comprender el juego de su hijo o hija,
- ofrecerles claves sencillas para acompañarlo,
- reducir la presión por “hacerlo bien”.
La familia ya es el principal entorno de juego. Cuando se siente segura, validada y acompañada, el impacto en la participación diaria del niño o niña es mucho mayor.
Si quieres leer más sobre la importancia del juego compartido y del acompañamiento sensible desde el entorno familiar: https://www.autism.org.uk/

Lo que el juego no siempre consigue (y también hay que decirlo)
Una mirada honesta implica reconocer límites. El juego, por sí solo, no garantiza la generalización automática de aprendizajes a otros contextos. Algunas competencias requieren tiempo, repetición, apoyos específicos y experiencias reales fuera del contexto lúdico.
Pero precisamente por eso el juego es tan valioso: prepara, acompaña y sostiene procesos que aún no pueden darse de otra manera. En niños y niñas autistas el juego también es un derecho y una ocupación esencial, que no necesita ser corregido ni “normalizado”. Necesita ser escuchado, comprendido y acompañado y reconocido como una expresión válida de participación. No se trata de enseñar a jugar “como otros”, sino de reconocer el juego como un lenguaje propio, una vía de comunicación y una oportunidad para participar en el mundo desde un lugar seguro.
Como profesionales de la Atención Temprana, nuestra responsabilidad es crear las condiciones para que ese juego pueda expandirse, compartirse y convertirse en puente hacia la vida cotidiana.
¿Y si en lugar de cambiar la manera de jugar, cambiamos nuestra manera de acompañar el juego?
¿Quieres profundizar más?
Si te interesa seguir reflexionando sobre el juego en el autismo, el papel de la familia y cómo acompañar desde una Terapia Ocupacional respetuosa y basada en la evidencia, en Aytona ofrecemos formación específica en Terapia Ocupacional en autismo, pensada para profesionales que buscan acompañar sin imponer y desde el respeto a la neurodiversidad.
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Referencias
Akers, J. S., & O’Guinn, L. (2023). Interventions targeting interactive play in individuals with autism: A systematic review. Behavior Analysis in Practice.
https://consensus.app/papers/interventions-targeting-interactive-play-in-individuals-o%E2%80%99guinn-akers/ff21c41bdcac55a7a12b61a9b6556388/
Neijs, S., & Tisseur, M. (2021). Effectivity of play-based interventions in children with autism spectrum disorder and their parents: A systematic review. Journal of Autism and Developmental Disorders.
https://consensus.app/papers/effectivity-of-playbased-interventions-in-children-with-neijs-tisseur/810b486cdcea5d1c9153e404119314d3/
Thinking Autism Guide. (2023). Why do people assume autistic play is wrong?
https://thinkingautismguide.com/2023/12/why-do-people-assume-autistic-play-is-wrong.html
